๐๐ข ๐ฅ๐ฆ๐ฎ๐ฐ๐ค๐ณ๐ข๐ค๐ช๐ข ๐ฆ๐ฏ ๐ฆ๐ญ ๐ณ๐ฆ๐ตรญ๐ค๐ถ๐ญ๐ฐ: ๐๐ถ๐ข๐ฏ๐ฅ๐ฐ ๐ญ๐ข๐ด ๐ฃ๐ข๐ญ๐ข๐ด ๐ด๐ถ๐ด๐ต๐ช๐ต๐ถ๐บ๐ฆ๐ฏ ๐ข ๐ญ๐ฐ๐ด ๐ท๐ฐ๐ต๐ฐ๐ด
Fred Alvarez Palafox
No es solo Sinaloa; es la cartografรญa entera de una libertad que hoy sobrevive bajo asedio. Lo que aquel informe presentado ante la OEA en 2021 nos revelรณ —y que hoy, a la luz de los hechos, recobra una vigencia estremecedora— es la cruda radiografรญa de un paรญs donde la urna dejรณ de ser un santuario civil para convertirse en un blanco de tiro. Seis estados compartieron un mismo y oscuro patrรณn: "operaciones quirรบrgicas" ejecutadas por comandos armados que no solo custodiaron casillas, sino que secuestraron, en el sentido mรกs literal y doloroso de la palabra, la voluntad popular. Como bien ha documentado el periodista Antonio Lรณpez Cruz, hoy en su reportaje para El Universal, en aquellas jornadas la democracia no solo fue herida; fue, simplemente, arrollada. ( Narcoelecciรณn se replicรณ en 6 estados, denuncia ante OEA).
El hilo conductor de nuestra historia reciente es el de una democracia arrollada. Desde el terror en Michoacรกn, donde las boletas se marcaban bajo el frรญo caรฑรณn de un fusil, hasta el silencio impuesto a candidatas en el Estado de Mรฉxico con la sentencia de "te bajas o te mato". Resulta doloroso, casi cรญnico, contrastar esa realidad con aquel eco que aรบn resuena desde Palacio Nacional, cuando AMLO afirmรณ que el crimen "se portรณ bien", mientras en las calles de Guerrero y Veracruz el aire se sentรญa espeso, cargado por el plomo de la coacciรณn.
En medio de este vendaval, surge una certeza amarga: el INE quedรณ reprobado. El รกrbitro, encargado de vigilar la pureza del proceso, pareciรณ mirar hacia otro lado mientras la tinta de los votos se mezclaba con la pรณlvora. Se privilegiรณ la forma sobre el fondo, permitiendo que la arquitectura electoral se mantuviera en pie aunque sus cimientos estuvieran ya carcomidos por el miedo.
Hoy, con el repliegue de Rubรฉn Rocha Moya en Sinaloa como epicentro, entendemos que lo que se gestรณ hace cinco aรฑos no fue una jornada electoral ordinaria. Fue el avance de una "narcodemocracia" que hoy nos pasa una factura impagable. Porque cuando un gobernante no le debe el cargo al ciudadano, sino a la fuerza que le despejรณ el camino, lo que queda en suspenso no es solo un periodo de gobierno, sino el alma misma de nuestra Repรบblica.
El expediente del Departamento de Justicia es devastador: describe una llegada al poder que no fue un triunfo de la voluntad ciudadana, sino el resultado de un compromiso sellado en reuniones custodiadas por ametralladoras. La promesa fue el apoyo total al trรกfico de fentanilo y armas; la ejecuciรณn, una impunidad garantizada mediante la entrega de piezas clave en la administraciรณn pรบblica.
¿Y ahora? Lo que hoy vive Mรฉxico es el estallido de un mal de origen. Se le deben al pueblo sinaloense cinco aรฑos de legitimidad perdida, de instituciones que, en lugar de proteger, se convirtieron en engranajes de un pacto oscuro. Mรฉxico sigue buscando un asidero de paz, pero esa paz no llegarรก mientras la sombra de la sospecha sea mรกs larga que el alcance de la ley. Al final, lo que queda es la pregunta que nos quema el aliento: ¿cรณmo se reconstruye un estado cuando el cimiento mismo fue levantado con la pรณlvora de la traiciรณn?
#๐๐ข๐ฎ๐ฐ๐ด๐๐ข๐ญ๐บ๐๐ข๐ฎ๐ฐ๐ด๐๐ช๐ณ๐๐ฆ๐ฐ๐ณ.
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